Tu jardín es un ecosistema. Lo quieras o no.

Hay una conclusión de un estudio de biodiversidad realizado en Great Dixter que cambió la percepción de quienes lo hicieron. Los ecólogos esperaban que las zonas naturales que rodean el jardín, los viejos bosques, las praderas antiguas, las zonas de pastura, fueran más ricas en vida silvestre que el propio jardín, lleno de plantas exóticas y no nativas. Lo que encontraron fue exactamente lo contrario. El jardín resultó ser más biodiverso que todo el entorno natural que lo rodeaba.

Tuve la oportunidad de hablar con Fergus Garrett, director de Great Dixter, para la revista Verde es Vida. Garrett lo explica con la claridad con que solo se explican las cosas que uno ha vivido de cerca: nunca cultivaron pensando en la fauna. La razón de esa riqueza extraordinaria era la diversidad de hábitats, la extraordinaria longitud de la temporada de floración, la variedad de plantas que alimentan a una gama muy amplia de insectos, y la complejidad de la estructura del jardín. El ecólogo que realizó el estudio dijo algo que merece repetirse: había cambiado su percepción de los jardines. Pensaba que eran parte del problema frente a la pérdida de biodiversidad. Después del estudio, veía que podían ser parte de la solución.

Esa posibilidad está al alcance de cualquier jardín privado. Pero para aprovecharla hay que entender algo que raramente se dice: todo jardín es ya un ecosistema, lo quiera o no su propietario. La pregunta no es si va a serlo sino qué tipo de ecosistema va a ser.

El suelo: el ecosistema más rico y más ignorado

Antes de hablar de plantas y fauna hay que hablar del suelo, porque el suelo es el primer y más importante ecosistema que hay que entender. Hay estudios que demuestran que un suelo vivo es infinitamente más biodiverso que lo que hay en la superficie. En un puñado de tierra sana hay más organismos que personas en el planeta, trabajando juntos para descomponer la materia orgánica, fijar el nitrógeno, crear estructura y poner a disposición de las plantas los nutrientes que necesitan.

Pero hay algo más profundo y menos conocido. La mayoría de los azúcares que producen las plantas mediante la fotosíntesis no acaban en la planta sino en el suelo. Las plantas los vuelcan activamente a través de sus raíces para alimentar a los microorganismos que las sostienen. Para una planta, mantener vivo ese ecosistema subterráneo es más importante que crecer. Es una relación de interdependencia que lleva millones de años funcionando.

Los fertilizantes y pesticidas químicos rompen ese ciclo. Al aportar nutrientes de forma directa, hacen innecesaria la relación entre la planta y los microorganismos del suelo. La planta deja de invertir en ese ecosistema, las redes de hongos se deterioran y la planta se vuelve dependiente del aporte químico externo. Es exactamente la lógica de la dependencia: bonita hoy, un problema para mañana. Las plantas se convierten en pequeñas drogadictas que ya no saben funcionar sin su dosis, y el suelo que las sostenía queda desconectado y empobrecido. Como hemos explicado en nuestro artículo sobre el jardín de bajo mantenimiento, ese ciclo de dependencia química es uno de los principales generadores de coste en jardines convencionales.

El sistema no-dig, no remover, combinado con un acolchado permanente que protege el suelo y lo alimenta conforme se descompone, es la alternativa que devuelve la vida al suelo y con ella la autonomía a las plantas.

La densidad, la diversidad y los hábitats: las claves del jardín biodiverso

Las decisiones de diseño que más determinan la biodiversidad de un jardín son tres: densidad de plantación, diversidad de especies y variedad de hábitats.

La densidad alta cubre el suelo rápidamente, elimina la competencia de las malas hierbas y crea una estructura vegetal compleja con distintos microhábitats. La diversidad de especies amplía el abanico de alimento disponible durante todo el año: una plantación con veinte especies que florecen en distintos momentos ofrece alimento a los polinizadores desde febrero hasta noviembre. Una con tres especies que florecen en primavera ofrece alimento durante seis semanas y nada el resto del año.

La variedad de hábitats es lo que más acerca un jardín a lo que Garrett describe en Great Dixter: zonas soleadas y umbrías, zonas secas y húmedas, agua en movimiento, madera muerta y ramas secas apiladas discretamente creando estructuras que son refugio para insectos y elemento de diseño al mismo tiempo. En Great Dixter, toda la poda se acumula en un montón y la parte inferior ya descompuesta se usa para rellenar los hoyos de plantación, devolviendo al jardín lo que el jardín produce. Piedras que acumulan calor. Suelo desnudo en puntos concretos para los insectos que nidifican en el suelo. Cada microhábitat sostiene organismos distintos que forman parte de una red de vida cada vez más compleja.

No fumigar es la práctica que más cambia el ecosistema de un jardín. Garrett lo dice explícitamente: dejó de fumigar después de la muerte de Christopher Lloyd y el resultado fue un incremento notable de la biodiversidad. Los pesticidas no discriminan entre la plaga y sus depredadores naturales. Un jardín sin pesticidas desarrolla sus propios equilibrios biológicos que hacen innecesarios los tratamientos.

El jardín de lluvia: biodiversidad y protección más allá de los límites del jardín

La biodiversidad de un jardín no solo beneficia a quien lo habita. Hay un elemento que conecta el jardín privado con un problema colectivo cada vez más urgente en España: el jardín de lluvia.

En lugar de impermeabilizar el suelo y generar escorrentías que acaban en el alcantarillado, un jardín de lluvia capta el agua, la ralentiza y la filtra al suelo de forma natural, recargando los acuíferos y reduciendo el riesgo de inundación. En episodios de lluvia extrema, que son cada vez más frecuentes, la diferencia entre un jardín con suelo permeable y vegetación densa que absorbe el agua, y uno con césped compactado y pavimento que la rechaza, puede ser enorme. Si todos los jardines privados de una ciudad funcionaran con esa lógica, el impacto sobre las inundaciones urbanas sería considerable. No hace falta infraestructura costosa. Hace falta suelo vivo, plantación densa y la eliminación de superficies impermeables innecesarias.

Un jardín de lluvia bien diseñado es además uno de los hábitats más ricos que se pueden crear. Las plantas de ribera y las que toleran la humedad temporal atraen fauna que de otra forma no llegaría al jardín. Y el agua que se filtra al suelo en lugar de perderse por el desagüe es agua que las plantas pueden aprovechar en los meses secos.

Lo que un jardín biodiverso aporta a quien lo vive

Un jardín biodiverso no es solo mejor para el planeta. Sue Stuart-Smith, cuya investigación sobre los efectos terapéuticos del contacto con la naturaleza hemos tratado en nuestro artículo sobre el jardín como ecosistema, documenta con rigor científico que el contacto con un jardín vivo tiene efectos documentados sobre el bienestar mental que un jardín empobrecido no puede dar. El sonido de los pájaros, el movimiento de los insectos, el cambio de las estaciones visible en la plantación, la conexión con ciclos más grandes que uno mismo, todo eso activa mecanismos psicológicos que la vida urbana y digital raramente activa.

Y hay algo más que Garrett describe en Great Dixter que resulta revelador: no diseñaron para la fauna, simplemente diseñaron bien. La biodiversidad fue la consecuencia natural de un jardín con criterio, denso, diverso, sin químicos y con una temporada de floración extraordinariamente larga. Eso es lo que un jardín naturalista bien diseñado produce inevitablemente: un lugar más vivo, más autónomo, más barato de gestionar y más rico en experiencias.

Los jardines privados en España ocupan una superficie enorme. Si cada uno funcionara como un ecosistema en lugar de contra él, el impacto sobre la biodiversidad, sobre las inundaciones y sobre el bienestar de quienes los habitan sería considerable. No hace falta un parque natural. Hace falta que los jardines que ya existen se diseñen con el criterio que merecen.

Ese criterio es exactamente lo que aportamos. Si tienes una parcela y quieres hablar de cómo convertirla en un ecosistema real, estamos disponibles.

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